Otros recursos Capítulo I

En esta sección se recogen diversos materiales complementarios que pueden ayudar a profundizar, reforzar o trabajar de forma más práctica los contenidos presentados en el Capítulo I. Se trata de un espacio abierto y flexible, pensado especialmente para la catequesis, la formación personal o el trabajo en grupo.

Aquí podrán encontrarse, entre otros, fichas de apoyo, esquemas sintéticos, documentos en PDF, enlaces a recursos catequéticos externos u otros materiales que, sin formar parte del núcleo principal del capítulo, pueden resultar útiles para una mejor comprensión y aplicación de la fe cristiana.

Estos recursos no son obligatorios ni exhaustivos. Se ofrecen como una ayuda adicional, que cada lector o formador puede utilizar libremente según sus necesidades, ritmo y contexto.

1. CUADRO DE COMPARACIÓN DE MANUSCRITOS ANTIGUOS

2. EVIDENCIA DE JESÚS Y LA IGLESIA PRIMITIVA DE ESCRITORES NO CRISTIANOS

Al informar sobre la decisión del emperador Nerón de culpar a los cristianos por el incendio que destruyó Roma en el año 64 d.C., el historiador romano Tácito escribió:

“Nerón cargó la culpa… sobre una clase odiada por sus abominaciones, llamada cristianos por el pueblo. Cristo, de quien se originó el nombre, sufrió la pena extrema durante el reinado de Tiberio a manos de Poncio Pilato, y una superstición muy dañina, así reprimida por el momento, volvió a brotar no solo en Judea, la primera fuente del mal, sino incluso en Roma…”

Otro testimonio importante sobre Jesús y el cristianismo primitivo se encuentra en las cartas de Plinio el Joven al emperador Trajano. Plinio era gobernador romano de Bitinia en Asia Menor. En una de sus cartas, alrededor del año 112 d.C., pide consejo a Trajano sobre cómo proceder legalmente contra los acusados de ser cristianos.

En un punto de su carta, relata lo que había aprendido sobre estos cristianos:

“Tenían la costumbre de reunirse en un día fijo antes del amanecer, cuando cantaban en versos alternos un himno a Cristo, como a un dios, y se comprometían mediante un solemne juramento, no a actos malvados, sino a no cometer fraude, robo o adulterio, a no falsificar su palabra, ni negar un depósito cuando se les pidiera devolverlo; después era su costumbre separarse y luego reunirse de nuevo para participar de alimentos – pero alimentos de tipo ordinario e inocente.”

Luciano de Samosata, un satírico griego del siglo II, escribió sobre los primeros cristianos:

“Los cristianos… adoran a un hombre hasta el día de hoy – el personaje distinguido que introdujo sus ritos novedosos, y fue crucificado por ello… Se les inculcó por su legislador original que todos son hermanos desde el momento en que se convierten, y niegan a los dioses de Grecia, y adoran al sabio crucificado, y viven según sus leyes.”

Después del año 70 d.C., un filósofo sirio llamado Mara Bar-Serapión, escribiendo para animar a su hijo, comparó la vida y persecución de Jesús con la de otros filósofos perseguidos por sus ideas. Se refiere a Jesús como el “Rey sabio”:

“¿Qué beneficio obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates? Hambre y peste cayeron sobre ellos como juicio por su crimen. ¿O el pueblo de Samos por quemar a Pitágoras? En un momento su país quedó cubierto de arena. ¿O los judíos al asesinar a su rey sabio?… Después de eso su reino fue abolido. Dios vengó justamente a estos hombres… El rey sabio… vivió en las enseñanzas que promulgó.”


Nota. Texto elaborado a partir de testimonios de autores no cristianos del siglo I–II (Tácito, Plinio el Joven, Luciano de Samosata y Mara bar-Serapion), según traducciones y síntesis divulgativas habituales en la historiografía moderna.

Fuentes para consultar

El primer testimonio procede del historiador romano Publio Cornelio Tácito, en su obra Annales, libro XV, capítulo 44, escrita hacia el año 116 d.C. En este pasaje, al relatar la persecución de los cristianos tras el incendio de Roma del año 64 d.C., Tácito menciona explícitamente a Cristo, ajusticiado durante el reinado de Tiberio por orden de Poncio Pilato. El texto latino original contiene la conocida referencia: Christus, Tiberio imperitante, per procuratorem Pontium Pilatum supplicio affectus erat… La cita utilizada en este documento no es una traducción literal palabra por palabra, sino una traducción libre y adaptada al español moderno, fiel al contenido histórico del pasaje. Redacciones muy similares pueden encontrarse en autores como Bruce Metzger, F. F. Bruce, Josh McDowell (Evidence That Demands a Verdict) y en numerosos manuales apologéticos y catequéticos.

Un segundo testimonio fundamental se halla en las Cartas de Plinio el Joven, concretamente en el libro X, cartas 96 y 97, dirigidas al emperador Trajano hacia el año 112 d.C., cuando Plinio ejercía como gobernador de Bitinia, en Asia Menor. En ellas describe las prácticas de los cristianos, a quienes investiga por motivos legales: sus reuniones antes del amanecer, el canto de himnos a Cristo “como a un dios” (quasi deo), su compromiso moral expreso y la celebración de una comida ordinaria e inocente. La traducción empleada es de carácter divulgativo y ampliamente aceptada, coincidiendo sustancialmente con las utilizadas por J. B. Lightfoot, Everett Ferguson, F. F. Bruce y numerosos materiales de catequesis universitaria. Tampoco aquí se trata de una traducción estrictamente literal, pero sí históricamente fiel.

Otro testimonio externo procede del escritor satírico griego Luciano de Samosata, en su obra La muerte de Peregrino (§ 11–13), escrita hacia el año 165 d.C. En tono crítico y burlón, Luciano describe a los cristianos como seguidores de un hombre crucificado, al que adoran, y subraya rasgos esenciales de su fe: la fraternidad universal, el rechazo de los dioses paganos y la obediencia a las leyes transmitidas por su fundador. El texto citado procede de una traducción adaptada del original griego. Precisamente por su carácter hostil al cristianismo, este testimonio resulta especialmente valioso desde el punto de vista histórico.

A estos testimonios se añade la carta del filósofo sirio Mara bar-Serapion a su hijo, conservada en un manuscrito en lengua siríaca y redactada con posterioridad al año 70 d.C., probablemente entre finales del siglo I y comienzos del II. En ella, Mara compara la muerte injusta de diversos sabios perseguidos por sus pueblos, entre ellos Jesús, a quien denomina el “Rey sabio”. Destaca que, aunque fue ejecutado, su enseñanza continuó viva. La cita utilizada procede de una traducción moderna del siríaco y es muy empleada en la apologética cristiana como testimonio externo del impacto histórico de Jesús.

Finalmente, este tipo de síntesis y redacción conjunta de testimonios antiguos suele encontrarse, con formulaciones muy similares, en obras modernas de referencia como Evidence That Demands a Verdict de Josh McDowell, ¿Son fiables los Evangelios? de F. F. Bruce, Pontius Pilate de Paul Maier, Backgrounds of Early Christianity de Everett Ferguson, así como en diversos manuales apologéticos y catequéticos contemporáneos de los siglos XX y XXI.